Origament: A Paper Adventure – Análisis: Una carta que merece ser leída

La escena independiente siempre está buscando nuevas formas de hacernos jugar y contar historias. Origament: A Paper Adventure une estas dos premisas de una manera bastante peculiar, y el resultado es uno de esos juegos que no se parecen a nada que hayas jugado antes, aunque uses mecánicas que reconoces desde el primer minuto.

Aquí tomarás el control de una carta dentro del Archivo de la Memoria, un lugar donde se guardan los pensamientos y cartas que jamás fueron leídas. Pero esto no quiere decir que hayan sido olvidadas, tan solo están perdidas.

Entre ellas había una carta muy especial y a pesar de que nadie recuerda quién la escribió, en su interior se encuentra un deseo tan poderoso que fue suficiente para que el papel cobrara vida e iniciara un viaje en busca de su destinatario.

Iniciamos tan solo como una simple bola de papel arrugada y lenta, que a medida que avanza consigue la capacidad de transformarse en tres figuras adicionales: un avión, un shuriken y un barquito de papel. Cada forma está diseñada específicamente para un entorno y esto lo aprendes tan rápidamente que tan solo en el primer nivel serás un experto.

Cuando estés sobre el agua deberás convertirte en barco para navegar y esquivar obstáculos. Para saltar, planear y aprovechar las corrientes de aire necesitarás el avión. El shuriken es tu mejor aliado para activar mecanismos, pulsar botones y ahuyentar las luciérnagas que de vez en cuando te rodearán. Y la bolita, tu forma básica, no solo sirve para moverse por tierra, sino que funciona como transición entre otras transformaciones.

Pero la velocidad no es lo único importante, también lo es la coordinación y el orden de la transformación. Algunas formas tienen tiempo de recarga y no puedes regresar a una anterior mientras estás en el aire, por lo que hay momentos donde tendrás que pasar de avión a shuriken y luego a barco en cuestión de segundos sin margen para el error.

Y si quieres probar tus habilidades, dentro de cada mundo existen pruebas donde tendrás que llegar a la meta o destruir cierta cantidad de barriles antes de que se acabe el tiempo. Estos desafíos son el complemento perfecto para romper con la tranquilidad del juego y poner algo de picante al gameplay.

Ahora bien, dentro de cada nivel también deberás recoger monedas ubicadas en zonas un poco menos accesibles, lo que te obliga a desviarte del camino principal. Sin embargo, eso no quiere decir que los escenarios sean extensos, pues son bastante lineales para mi gusto. Es una lástima que con unas mecánicas de transformación tan originales, los escenarios se sientan un poco desperdiciados en cuanto a exploración.

La variedad de entornos sí es algo de agradecer, pues viajarás a ferias renacentistas, una caverna que esconde el tesoro de un grupo de piratas y hasta te subirás a un carro minero esquivando obstáculos y cambiando de rieles.

Sin embargo, no todos los mundos se sienten igual de completos. Algunos escenarios son bastante extensos y da gusto explorarlos, pero otros parecen inconclusos. La zona pirata y el nivel medieval tenían mucho por recorrer, mientras que completar la zona digital no me tomó más de cinco minutos y parecía más un nivel sin terminar que algo agregado conscientemente.

Curiosamente, para un juego centrado en el origami, lo único hecho de papel es el personaje y un pequeño gato que ocasionalmente funciona como guía. El resto del mundo es realista, una decisión estética que resulta extraña al principio pero termina funcionando.

El juego cuenta con un hub central donde podrás gastar las monedas a cambio de aspectos para tu bolita de papel. También podrás desbloquear pequeños tutoriales para hacer tus propios diseños de origami en la vida real, aunque son algo vagos en las instrucciones. Hay figuras fáciles de lograr, como el shuriken que me quedó muy bien, aunque con el avión a reacción fracasé de forma estrepitosa.

Un detalle menor que me rompió la coherencia de la progresión fue la aparición de partes adicionales del Santuario como las estanterías y el gramófono que se desbloquean casi al final del juego, pero las figuras que los liberan se encuentran desde el primer nivel.

Además, su duración es un poco cuestionable; en menos de 4 horas llegarás al final de la aventura y el factor de rejugabilidad es casi nulo, tan solo regresarás para completar los desafíos y buscar las monedas que te hagan falta.

Gráficamente, los escenarios están llenos de detalles, el trabajo de luces y sombras es excepcional y los NPC en ciertos niveles le dan un poco más de vida al mundo. Es más, uno de los detalles que más me encantó son las ilustraciones del gato al estilo de pinturas que aparecen al final de cada nivel; son muy originales y le dan un toque de más personalidad al juego.

En cuanto a la música, cada dimensión tiene su propio tema y todos se ajustan muy bien a la situación. Aunque debo admitir que me asusté cuando escuché la tonada de la cueva pirata, no porque suene mal, sino porque se parece demasiado al tema principal de Piratas del Caribe, y le tengo terror a los abogados de derechos de autor.

Finalmente, te recuerdo que Origament: A Paper Adventure ya está disponible en PC vía Steam, y muy pronto llegará a PlayStation 5 y Nintendo Switch. Y si lo quieres probar antes de comprarlo en PC, ya está disponible una demo.

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