KuloNiku: Bowl Up! – Análisis: Cuando lo simple es suficiente

Estoy seguro de que muchos desarrolladores crean su juego con la meta de redefinir un género o incluso crearlo; sin embargo, hay quienes crean con un objetivo más modesto, pero igual de valioso, hacerte pasar un buen rato.

KuloNiku: Bowl Up!, desarrollado por Gambir Studio y publicado por Raw Fury, pertenece a la segunda categoría, y no solo cumple esa promesa, sino que lo hace con una personalidad tan bien construida que lo disfrutas desde el primer minuto.

La historia te lleva al pueblo de KuloNiku, donde te convertirás en el dueño de Bakuso, un restaurante de ramen que le has heredado a tu abuela. Como muchos juegos de cocina, no estamos ante la narrativa más profunda, pero su historia cuenta con un hilo conductor tan bien realizado que cada nueva misión justifica perfectamente tus acciones y te da razones genuinas para seguir mejorando tu restaurante.

El corazón jugable de KuloNiku es la cocina, y aquí es donde el juego demuestra que no necesita innovar para ser divertido. Cada pedido es en sí mismo un pequeño minijuego. Tendrás que hervir albóndigas, freír pollo, carne, trocear vegetales y más, para luego combinar estos ingredientes en distintos tipos de noodles.

Para agregar un poco más de reto, tendrás que estar pendiente de la paciencia del cliente, pues de eso depende tu propina y más adelante con ese dinero tendrás que comprar ingredientes y mejoras para tu restaurante. Aunque si prefieres jugar sin presión puedes activar el cozy mode, donde podrás cocinar sin preocuparte por el tiempo.

No obstante, los comensales no solo pedirán una receta ya preestablecida, sino que te harán pedidos específicos con cierto nivel de picante, sal, dulzor o acidez; esto hace que cada preparación sea diferente, obligándote a experimentar y aprender.

El juego se encuentra en español, pero la tipografía en nuestro idioma rompe con el estilo del juego pues parece más un documento de Word, así que preferí jugarlo en inglés.

Si no cumples con estos requisitos, el cozy mode ya no te protegerá, pues agregar un ingrediente incorrecto o tener errores en el nivel de picante o salado harán que tu cliente esté muy molesto y la propina nunca llegará.

Ahora bien, una de las cosas que más me gustó de KuloNiku fue la progresión, pues esta no te la impone el juego, sino que la construyes tú. Cada nueva receta que desbloqueas, cada ingrediente que compras en la tienda de Ume, abre posibilidades que antes no existían.

Tendrás que completar un pequeño minijuego para conseguir una nueva receta.

Poco a poco podrás ofrecer ramen más complejos para atraer clientes con gustos más exigentes. No hay un árbol de habilidades; aquí el avance surge de manera orgánica, impulsado por lo que quieres cocinar y lo que te falta para lograrlo.

Esa misma lógica se aplica a la economía del juego, pues cocinar bien da dinero, y ese dinero lo invertirás en equipamiento que te falta, ingredientes que completan una receta pendiente y nueva decoración que mejorará la satisfacción de tus clientes haciendo que tengas mejores propinas. Nunca ahorras por ahorrar; siempre tienes algo en mente, y ese pequeño motor de deseo es el que te mantiene pegado a la pantalla durante horas.

A medida que avanzas, llegan nuevas actividades dentro y fuera de la cocina; por ejemplo, en tus días libres realizarás los Meatball Brawls, estos son duelos culinarios donde te enfrentas contra otros chefs en un formato por turnos donde debes cocinar para impresionar a los jueces.

Cada turno tienes un número limitado de acciones, y tendrás que decidir cómo distribuirlas entre los ingredientes bonus del día, los gustos específicos del jurado y los puntos de audiencia. Si ganas, irás subiendo de rango en el leaderboard del pueblo, obtendrás valiosos tickets para comprar ingredientes, decoraciones especiales e igualmente ir avanzando en la historia.

Para los fines de semana llegarán los festivales; en estas jornadas especiales cada pedido incluirá una temática concreta que condiciona los ingredientes y las preparaciones, lo que te obliga a repensar el flujo habitual de las recetas. Sí, son los días más exigentes del calendario, pero también los más rentables si mantienes la concentración.

Otro de los elementos que hace que KuloNiku sobresalga aún más son sus personajes, y es que, a pesar de que toda la interacción ocurre a través de texto y diálogos estáticos, Gambir Studio logró que cada NPC se sienta auténtico con sus propias motivaciones, contradicciones, problemas y una evolución visible a medida que profundizas la relación con cada uno.

Conforme hablas con ellos y completas pequeños episodios de vínculo, tu relación se hará más fuerte y además irás liberando nuevas recetas, accesorios e ingredientes, que una vez más te harán un mejor cocinero.

Visualmente, KuloNiku cuenta con una estética casi low poly con personajes inspirados en el anime, junto a escenarios sencillos pero llenos de color y detalles. Aunque esto a primera vista puede parecer una limitación técnica, es más una decisión coherente, pues esa sencillez aporta frescura y refuerza el tono desenfadado de las mecánicas.

Finalmente, KuloNiku: Bowl Up! no es un juego que aspire a llevarse premios por innovación o por una narrativa compleja; aunque si hay alguna justicia en el mundo, Gambir Studio debería ser reconocida al menos por la solidez de su diseño.

Y es que este pequeño estudio nos recuerda que los videojuegos se crearon para divertirnos y KuloNiku cumple esa máxima con creces y sin pretensiones. Finalmente, te recuerdo que KuloNiku: Bowl Up! ya está disponible en exclusiva para PC vía Steam y, con lo bien que se juega, ojalá no tarde en llegar a más plataformas.

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