Marvel’s Wolverine – Análisis: Un Wolverine domesticado

Insomniac Games es uno de los estudios que mejor ha entendido cómo llevar a los superhéroes a los videojuegos. Con la saga de Spider-Man demostraron que se puede capturar la esencia de un personaje icónico sin sacrificar la profundidad jugable ni la narrativa.

Por ello, Marvel’s Wolverine fue un título que generó una enorme expectativa, y por eso también la decepción dolió más de lo esperado. No estoy diciendo que sea un mal juego, pero sí parece el trabajo de un estudio que hasta ahora empieza en el género, cometiendo errores de novato que alguien con su experiencia no debería permitirse.

Y aunque los errores están ahí, también están los aciertos. Cuando Wolverine funciona, lo hace con una intensidad que pocos juegos de superhéroes logran. Controlar a Logan es un festival de velocidad y acción que hace que no quieras soltar el control hasta finalizar la historia.

Un Wolverine domesticado

Marvel’s Wolverine te llevará a vivir al menos treinta años de la vida de Logan. Primero conocerás sus inicios, cuando prácticamente era un animal salvaje y Nathaniel Essex lo acoge en el Equipo X, un grupo de mutantes de operaciones especiales. Tiempo después Logan abandona el grupo y tan solo regresa cuando Bolivar Trask y sus mercenarios, los Reavers, comienzan a secuestrar mutantes.

Sin embargo, este es tan solo un punto de partida de una aventura que se va convirtiendo en una conspiración. La trama suma más capas de las que aparenta desde el primer capítulo, especialmente cuando La Mano entra en escena.

Esta orden de ninja-hechiceros, liderada por Lady Deathstrike, tiene sus propios intereses sobre los mutantes capturados y sobre Logan en particular. Tristemente, para quienes conozcan el universo de los X-Men la trama será predecible y anticiparán los giros con facilidad. Al menos para los neófitos en el tema la narrativa estará llena de sorpresas y hay momentos que los dejarán con la boca abierta.

Ahora bien, hay algo importante que debes saber. En los cómics, Wolverine siempre fue el epítome de una masculinidad dura y sin disculpas. Era un mutante solitario, seco y brutal, cuya rabia y violencia eran parte inseparable de su identidad.

Su atractivo residía en esa ferocidad inquebrantable, en ser un antihéroe que no necesitaba justificar sus emociones ni suavizar su carácter ante nadie. Logan no pedía permiso para ser lo que era. Esa intransigencia era precisamente lo que lo hacía memorable durante décadas de cómics, películas y series animadas.

Pero el juego no entiende eso, o no quiere entenderlo. El Logan de Insomniac es un personaje domesticado. Está más preocupado por procesar sus traumas en voz alta que por encarnar la ferocidad que lo definió durante décadas.

Sus garras siguen ahí, pero su carácter parece haber pasado por un proceso de suavizado que lo deja irreconocible para quienes crecieron con el personaje. Es una versión de Wolverine que funciona tan solo en los momentos de acción y se desdibuja en todo lo demás.

Parece como si el estudio hubiera tenido miedo de mostrar a Logan tal cual es y lo hubiera ajustado a agendas y audiencias modernas. Esas mismas audiencias que, dicho sea de paso, no compran juegos; de haber sido así, South of Midnight habría sido un éxito en ventas y su estudio no habría quedado al borde del cierre.

El auténtico poder de Logan.

Volviendo al combate, que es donde Wolverine brilla con más intensidad, los ataques tienen una sensación de impacto extraordinaria. Transmiten perfectamente la ferocidad del personaje en cada golpe.

Cuando Logan se desata, los enfrentamientos son brutales y sangrientos. Tienen momentos de auténtico poder que recuerdan por qué este personaje merece su propio juego. La violencia no es gratuita, es una extensión de quien es Logan, y en sus mejores momentos el juego lo entiende perfectamente.

A medida que subes de nivel acumulas puntos para gastar en nuevas técnicas y poderes dentro de un árbol de habilidades algo limitado. Aun así, ofrece suficientes opciones para no sentir que el combate se convierte en el clásico machacabotones.

Algo que me sorprendió es que los trajes no son solo cosméticos. El juego te impulsa a elaborarlos sin importar si te los pones o no. Entre más fabriques, la barra de vida de Logan mejorará de forma permanente.

Mientras descansas del combate y exploras, buscarás botellas de Whisky, cajas de materiales y las Puertas de Pesadilla. Estas últimas son desafíos opcionales que otorgan puntos de adaptación para equiparte con mejoras pasivas, desde menor daño recibido hasta mayor regeneración de vida o Rabia.

No obstante, el sistema de combate se vuelve monótono más rápido de lo que debería. La violencia y el gore, impactantes al principio, pierden fuerza con las horas por falta de variedad en los encuentros. No es culpa de las acciones de Logan, sino de la escasa variedad de enemigos, apenas cinco tipos para los Reavers y la misma cantidad al luchar contra La Mano.

A esto se suma la linealidad, que en teoría podría ser una virtud para mantener el ritmo narrativo. Sin embargo, termina por volverse repetitiva cuando los escenarios presentan muros invisibles y limitaciones poco naturales que rompen la inmersión.

Los marcadores visuales con pintura blanca y el rastro azul para indicarnos el camino se sienten innecesarios en un juego de esta escala. Parece como si el estudio no confiara en que el jugador pueda orientarse solo. Son detalles pequeños, pero en un estudio con el historial de Insomniac sorprenden más de lo habitual.

Afortunadamente, el apartado gráfico es excepcional. Cada uno de los lugares que visitas está lleno de detalles y transmite una atmósfera única que invita a explorar cada rincón. Los modelados de los personajes principales son sobresalientes, especialmente Logan y cada uno de sus trajes, cuyos gestos y animaciones refuerzan constantemente su carácter sin necesidad de diálogo.

En cuanto al rendimiento, el juego corre a 60 FPS estables en la PS5 base, con una resolución dinámica que se mantiene cerca de 4K en la mayoría de escenarios. En PS5 Pro, tenemos 120 FPS con soporte para VRR y ray tracing avanzado haciendo que el juego se vea aún mejor.

Finalmente, queda claro que estamos ante un juego que vale la pena jugar y que al mismo tiempo vale la pena criticar. Su acción es brutal, su mundo está bien construido y hay momentos donde Logan se siente exactamente como debe sentirse.

Pero Insomniac cometió el error de creer que modernizar a Wolverine significaba ablandarlo. En ese proceso perdieron de vista al personaje que millones de fans llevamos décadas queriendo ver en un videojuego a esta escala.

Logan no necesitaba terapia, necesitaba un juego que lo dejara ser lo que siempre fue sin pedirle disculpas al mundo por ello. Aunque estamos ante el mejor juego de Wolverine que existe, también estamos ante el peor juego de Insomniac hasta la fecha. Sin más que agregar, te recuerdo que Marvel’s Wolverine ya está disponible en exclusiva para PlayStation 5.

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