Onimusha: Way of the Sword – Análisis: Samuráis, demonios y un brazalete

En sus primeras entregas, Onimusha fue visto como el primo samurái de Resident Evil. Compartía con él las cámaras fijas, el movimiento del personaje y los puzles. Sin embargo, la acción fue la auténtica protagonista de las entregas y los sustos se reservaron para Claire y Leon. Esta fórmula le dio fama rápidamente y convirtió a la saga en un clásico de la era de PlayStation 2.

Lamentablemente, luego del cambio tan abismal de Dawn of Dreams, la franquicia quedó en el olvido. Afortunadamente, Capcom sigue dando vida a sus viejas IP y hace poco Onimusha 2: Samurai’s Destiny llegó en forma de remaster. Ahora tenemos a Onimusha: Way of the Sword, una nueva entrega que apuesta todo por la modernidad y, en su camino, se aleja un poco de las raíces de la franquicia.

Samuráis, demonios y un brazalete

La trama te pone en la piel de Musashi, un samurái que tras un enfrentamiento con clanes rivales termina envuelto en una invasión demoníaca. Los Genma, demonios que desean invadir el mundo humano, lo asesinan y lo arrastran al inframundo. Allí recibe un extraño brazalete que lo devuelve a la vida.

Dentro de este brazalete se encuentra el espíritu de Shizuka Gozen, una misteriosa mujer que será, en parte, nuestra compañera de aventuras. Al estilo de High On Life, se convertirá en un arma parlante. Pero no te preocupes, que no tiene la intensidad de Kenny.

Luego de aceptar a regañadientes este don, Musashi unirá fuerzas con Ono no Takamura, el guardián de las puertas del infierno, e Izumo no Okuni. Juntos iniciarán la misión de detener la invasión de los Genma y derrotar a quien está detrás de todo esto.

Como verás, la historia no busca ser un relato profundo, pero siempre querrás saber qué pasa después gracias a la personalidad del protagonista y las interacciones con la voz del brazalete. Dicho sea de paso, estoy a la espera de un mod que ponga la cara de Jackie Chan en Musashi, porque sus movimientos y personalidad te recordarán a películas como La armadura de Dios o Shanghai Kid.

Un duelo de reflejos

El corazón del juego está en el combate. Musashi usa principalmente su espada, aunque también cuenta con un arco y varias armas Oni que se desbloquean con el tiempo. Los enfrentamientos giran en torno a ataques ligeros y pesados, bloqueos y esquives. Sin embargo, lo que realmente define la experiencia es el sistema de parry y el Issen.

El primero agota la barra de resistencia del enemigo; luego de un par de ellos, quedará desprotegido para un oneshot. El Issen es un contraataque que se activa si golpeas justo antes de recibir un ataque. Si lo haces bien, podrás derrotar a los enemigos básicos con un solo movimiento. Dominar ambos convierte cada pelea en un duelo de reflejos y precisión que te hará sentir como un auténtico samurái.

Los combos y las mejoras hacen que Musashi se sienta cada vez más poderoso, pero el juego no deja de exigir atención constante. Los enemigos pueden absorber almas si no lo haces tú primero, y algunos jefes requieren aprender patrones con paciencia.

Sin embargo, no te preocupes, que no estamos ante un souls; incluso el juego incluye niveles de dificultad para que todo tipo de jugador lo pueda disfrutar. Además, existe un modo que permite repetir combates contra jefes, ideal para practicar o disfrutar de nuevo las batallas más espectaculares.

En medio de las misiones viajarás a Kioto, un mundo semiabierto donde podrás explorar calles, templos y zonas infestadas de miasma demoníaco. Hay misiones secundarias que van desde salvar aldeanos hasta encontrar tesoros. Aunque algunas se sienten repetitivas, otras añaden curiosidades del folclore japonés. Completar cada una de estas misiones te premiará con materiales para mejorar la espada, la ropa y el brazalete.

También hay secciones más lineales, principalmente las misiones de la historia. Son pasillos llenos de enemigos, puzles y desafíos que recuerdan a los Onimusha clásicos. Estas partes suelen ser más intensas y directas, y ahí es donde el juego se siente más imponente. Esto no quiere decir que la parte de mundo abierto sea floja, pero sí pausa la acción y la cambia por exploración, algo que no es tan característico de la saga.

El RE Engine vuelve a demostrar su poder

Probé el juego en PC con una RTX 5080, y el rendimiento fue impecable. Con todo en Ultra y el ray tracing activado, todo corría a más de 100 FPS sin caídas, incluso en las batallas más caóticas con varios enemigos en pantalla.

Visualmente, el RE Engine vuelve a demostrar su potencia. Los escenarios recrean Kioto con un aire sombrío y detallado, mientras que los demonios tienen diseños grotescos pero claros, lo que ayuda a leer sus movimientos en medio del combate.

Lo único que puede llegar a aburrir es la variedad de los enemigos básicos. Casi siempre estarás luchando contra Genma con espada, arco y algunos con escudos. Luego llegarán otros más fuertes y con presencia más amenazante, pero casi es el típico recurso de que, si es de un color diferente, son más fuertes. Los jefes, en cambio, sí son espectaculares y variados, perfectos para romper la monotonía.

Completar la historia principal te llevará entre 15 y 18 horas, dependiendo de tu habilidad y de cuánto te detengas a explorar Kioto. Si te dedicas a completar todas las misiones secundarias, mejorar las armas al máximo y desbloquear todos los secretos, las horas se multiplicarán fácilmente hasta superar las 35.

Finalmente, Onimusha: Way of the Sword es un regreso que combina lo mejor y lo peor de los juegos modernos de Capcom. Su combate es profundo, exigente y gratificante, con mecánicas como el Issen que convierten cada duelo en un reto que pone a prueba tus reflejos y tu paciencia.

El mundo semiabierto y las misiones secundarias añaden horas de contenido, aunque no siempre aportan valor y, en ocasiones, sientes que estás alargando la experiencia sin necesidad.

Pero cuando el juego se olvida de todo y se concentra en lo que mejor sabe hacer, entonces Onimusha recupera esa magia que lo convirtió en un clásico. Porque en esos momentos, cuando el Issen sale perfecto y el enemigo cae en un solo movimiento, entiendes por qué esta saga merecía volver.

No es el Onimusha que recordabas, pero quizá sea el que necesitabas. El que te recuerda que, incluso después de años de silencio, el camino del guerrero siempre encuentra la forma de renacer. Sin más que agregar, no olvides que Onimusha: Way of the Sword ya está disponible en PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC vía Steam y Epic Games Store.

Una respuesta a «Onimusha: Way of the Sword – Análisis: Samuráis, demonios y un brazalete»

  1. […] caminado por otras tierras antes de llegar a este valle. En la tierra del samurái, donde los demonios también despiertan, cada choque de acero era fluido como un río (más de 100 […]

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