Hearth and Hamlet – Análisis: La paciencia es una virtud

Hay algo raro con Hearth and Hamlet. La primera vez que lo ves parece un título de construcción de pueblos común y corriente. Sin embargo, cuando lo juegas te das cuenta de que es una mezcla de idle game, cozy y esos extraños juegos de incrementos. Esa combinación de géneros puede atraparte hasta terminar el juego, como me sucedió a mí, o la monotonía puede golpearte tan rápido que no llegarás ni a las dos horas.

Tu objetivo será ir desde una simple fogata hasta convertir tu asentamiento en un reino lleno de vida donde los ciudadanos trabajan, comercian y hasta exploran la magia. Y para lograrlo, tan solo deberás hacer clic.

Recolectarás madera, piedra, comida y oro, pero no lo harás tú solo. Deberás ir posicionando a tus habitantes para cada tarea y luego esperarás a que los recursos se recolectan, mientras ves tus arcas subir sus números con una satisfacción difícil de explicar con palabras.

Mejorar tu asentamiento depende de dos elementos clave. El primero es construir y mejorar edificios. El segundo es desarrollar un árbol de tecnologías que permite avanzar en leyes, comercio, investigación y hasta alquimia.

Cada nuevo edificio, sea una taberna, una biblioteca, una escuela o un laboratorio, amplía las posibilidades del juego. Esto refuerza la inmersión en este mundo medieval y desbloquea nuevas ramas del árbol tecnológico. La sensación de progreso es constante y bien construida, aunque el ritmo para llegar a cada nuevo escalón es otro tema.

La paciencia es una virtud

El ritmo de avance es demasiado pausado. Los recursos tardan en acumularse y muchas veces la mejor estrategia es dejar el juego abierto en segundo plano mientras haces otra cosa. Para algunos esa espera puede ser relajante, pero para otros puede volverse monótona. Incluso, ver estancado tu pueblo mientras esperas que se recolecten 100.000 unidades de oro puede llegar a ser desesperante.

Cuando por fin construyes los barracones, se suma una nueva mecánica a la partida. Tu ejército deberá proteger el reino de los ataques enemigos. Para esto tendrás que gestionar el gasto de cada soldado y mejorar sus estadísticas a través del árbol de tecnologías, buscando que sean lo suficientemente fuertes para detener el avance de los monstruos.

Si llegas a un ataque con pocos soldados o con estadísticas demasiado bajas frente a los enemigos, estos entrarán a tu pueblo y masacrarán a tus habitantes, ralentizando el progreso de forma considerable.

Ahora bien, estos combates son completamente automáticos y no intervendrás en ningún momento. Tu único rol es gestionar que el ejército esté preparado antes de que llegue la siguiente oleada. Es una mecánica que añade una capa de planificación interesante, pero que carece de emoción real y no logra generar tensión significativa en las batallas.

Uno de los mayores atractivos de Hearth and Hamlet es su dirección artística. El pixel art está lleno de detalles, con ríos, lagos y pantanos que, junto a los propios aldeanos, transmiten esa calidez característica de los juegos cozy.

La música, basada en piano y cuerdas, acompaña con un tono relajante que nunca invade. Mientras tanto, los efectos de sonido varían según el recurso que recolectas, reforzando la inmersión en cada momento del juego.

La ambientación medieval se siente coherente en todo momento, cada edificio nuevo no solo cumple una función mecánica sino que aporta carácter al pueblo. Y es impresionante cómo comienzas con una fogata y horas después terminas contemplando murallas de piedra, casas con vida propia y un castillo que hace apenas un rato era impensable. Ese contraste entre el punto de partida y lo que construyes es uno de los mayores placeres que ofrece el título.

Completar el juego puede llevarte entre 10 y 15 horas si eres constante. Pero si te dejas llevar por la tentación de dejar el juego abierto en segundo plano, las horas se multiplicarán sin que te des cuenta.

Durante este tiempo no esperes sorpresas. El objetivo es simplemente ir mejorando el asentamiento, cumplir los objetivos de la historia y protegerte de las oleadas enemigas. Los recursos son los mismos de siempre y no hay elementos que rompan la rutina. Solo recolectar, mejorar y entrenar soldados para que combatan. Es un bucle que funciona, pero que no espera sorprender a nadie.

Por su precio de 22.000 pesos colombianos, Hearth and Hamlet es una apuesta segura para los amantes del género. Es el primer juego de Phorust Studios, y aunque se nota que es un título modesto, la calidad de su pixel art, su banda sonora y esa extraña adicción que genera son prueba de que tienen talento para crear atmósferas que atrapan.

Finalmente, Hearth and Hamlet es el juego perfecto para quienes disfrutan ver crecer un pueblo a su propio ritmo, con una atmósfera acogedora y una progresión que, aunque lenta, resulta satisfactoria. Pero si buscas acción, desafío constante o una historia que te sorprenda, su ritmo pausado y su falta de variedad te harán abandonar antes de llegar al castillo.

Es un título que sabe lo que es y no intenta ser más; para quienes buscan exactamente eso, encontrarán un aliado para las aburridas tardes en la oficina. Sin más que agregar, te recuerdo que Hearth and Hamlet ya está disponible en exclusiva para PC vía Steam.

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