Los juegos de God of War siempre han sido un acontecimiento para la comunidad gamer y aunque no ha estado alejado de los tropiezos, la saga se ha mantenido en lo alto gracias a sus historias, mecánicas y su espectacular ambientación.
Por eso duele tanto decir que God of War: Sons of Sparta es, fácilmente, el punto más bajo de la franquicia. Una jugabilidad que roza lo mediocre, una historia que no engancha y un apartado gráfico que se queda por detrás de muchos indies hechos con mucho menos presupuesto.

La historia de dos hermanos
God of War: Sons of Sparta inicia con un Kratos adulto, poco antes de la tragedia que ya conocemos. Allí, Kratos le cuenta a su hija Calíope el verdadero significado del deber, lo que nos lleva a Esparta, más exactamente a cuando él tenía apenas 13 años. Junto con su hermano Deimos se embarcará en una misión que pondrá a prueba su lealtad y sus convicciones sobre lo que significa ser un verdadero espartano.
La trama principal del juego gira en torno a la desaparición de Vasilis, uno de los compañeros de entrenamiento de Kratos y Deimos. Sin embargo, esta premisa tarda bastante en aparecer y el inicio se hace pesado y sin sentido, pues se siente más como un rejunte de historias sueltas y pequeñas misiones sin rumbo claro.

Cuando por fin el objetivo se define, este dúo, aunque en la práctica solo jugamos con Kratos, ya que Deimos no aporta nada a la jugabilidad, deberá adentrarse en los peligrosos alrededores de Laconia mientras cumple una misión que, para los adultos y las creencias de Esparta, parece algo sin importancia.
Y aquí aparece un pequeño destello de genialidad, Deimos demuestra que, a pesar de haber crecido bajo la ley del más fuerte, es un compañero fiel al que no le importa arriesgar su vida por lo que cree correcto. Kratos, aunque es mucho más recio, termina apoyando incondicionalmente a su hermano, dándole a la historia algunos de sus mejores momentos.

¿Se supone qué esto es un God of War?
God of War: Sons of Sparta es un metroidvania bastante curioso, pero se queda corto en profundidad. El núcleo de su jugabilidad son los combates, basados en tres tipos de daño, primero tenemos los ataques básicos que, fuera de dañar al enemigo, generan orbes de vigor que rellenan una barra amarilla bajo tu vida.
Si atacas mientras pulsas el botón de vigor, los ataques serán más fuertes y los enemigos soltarán orbes de salud; según la situación, tendrás que alternar entre ataques normales y con vigor para sobrevivir.
Igualmente hay un medidor azul que te permite usar los favores de los dioses, habilidades u objetos que encontrarás en templos dispersos por la región. Estos no solo te ayudarán en combate, sino que te darán acceso a nuevas zonas del mapa.

En cuanto a los enemigos, ellos también usarán habilidades con estos colores; el rojo te avisa un ataque imbloqueable (esquiva sí o sí); al brillar en amarillo tendrás que hacer parry o perderás más de la mitad de tu vigor. Asimismo, algunos vendrán con un aura de colores que indica su debilidad.
Como buen metroidvania tenemos un árbol de habilidades que se expande con los clásicos orbes rojos. Allí mejorarás ataque, defensa y desbloquearás técnicas para el combate y la exploración, pero es demasiado pequeño, tan solo 16 nodos.

Por su parte, el crafteo es un poco más profundo, ya que tendrás que explorar a fondo los escenarios para encontrar materiales de fabricación (los enemigos solo sueltan orbes). En las hogueras, que sirven como puntos de guardado y descanso, podrás mejorar armas gastando estos materiales y orbes rojos.
Pero las mejoras más importantes se requieren barras de hierro espartano y hablar con el herrero de la ciudad, en esta forja podrás añadir daño de fuego, veneno y más a tu lanza, o liberar habilidades especiales que usan vigor.

Aunque la exploración puede ser entretenida, especialmente porque cada favor divino expande el mapa con nuevas áreas y desafíos, Sons of Sparta padece una severa «gemelitis cromática».
No hay más de 15 tipos de enemigos, por lo que te enfrentarás siempre a los mismos, tan solo cambia el color, la fuerza de sus golpes y algunos te infligirán estados alterados, pero en esencia son los mismos enemigos, con el mismo patrón de ataque, pero de otro color.


Ahora bien, tras completar la historia se desbloquea el modo multijugador, pero no te emociones, no podrás rejugar la campaña con un amigo controlando a Deimos. Lo que se libera es el Foso de las Agonías, un modo cooperativo con desafíos cronometrados o por puntuación, que incluso podrás jugar en solitario.
En cuanto a lo técnico, God of War: Sons of Sparta está creado con un bonito pixel art para enemigos y personajes, con algo más de detalle en los escenarios, por lo que en general se ve bien, pero sin destacar ni superar a joyas como Dead Cells o el infravalorado Katana Zero.
Y es que te recuerdo que God of War: Sons of Sparta no fue desarrollado por Santa Monica Studio, sino por Mega Cat que quizá los conozcas por WrestleQuest, así que el salto de AAA a indie se nota bastante.




Además, el gore y la sangre, sello característico de la saga, brillan por su ausencia, restándole otro punto si queremos catalogarlo como God of War digno. Al menos la música sí va más allá, con canciones que acompañan la acción de manera perfecta, sobre todo en los combates contra jefes.
Finalmente, God of War: Sons of Sparta, es un God of War decepcionante, un metroidvania más del montón con una historia que, pese a ser canon, no aporta mucho al lore de la franquicia. Nada de lo que hizo grande a God of War está presente, se siente apresurado, hecho con retazos de ideas, sin rumbo fijo ni claridad de lo que nos querían mostrar.
Si no eres muy fan de la saga pero te gustan los metroidvanias, espera a que llegue a PS Plus o tenga su primera rebaja. Si quieres conocer ya la historia de Kratos y Deimos, juega con bajas expectativas para no decepcionarte mucho. Sin más, no olvides que God of War: Sons of Sparta ya está disponible en exclusiva para PS5.

EN RESUMEN
God of War: Sons of Sparta es un spin-off decepcionante, su jugabilidad repetitiva, enemigos clonados, diseño limitado y combate básico lo convierten en el peor God of War hasta la fecha.
CALIFICACIÓN: 5/10


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