Shin Chan: Nevado en Carbónpolis – Análisis: Shinnosuke, nunca cambies

Dentro del mar de juegos basados en el anime es raro encontrar uno que combine la frescura de las ideas de los autores con un propósito simple, sin cientos de secretos que complican o destruyen la historia conforme se avanza. Por ello juegos tan simples como Shin Chan: Nevado en Carbonpolis son tan bienvenidos.

Shinnosuke en Nomagari

Neos Corporation nos entrega su más reciente creación, llevándonos junto con la familia de Shin Chan a su pueblo natal, Nomagari. Allí nos encontraremos con sus abuelos, sus amigos y los vecinos, quienes forman parte de la historia de la familia, así como los campos, prados y paisajes, a cuál más acogedor, que invita a la exploración y están llenos de sorpresas para descubrir.

Nuestra aventura inicia con nuestro abuelo mostrando los trucos de su niñez, enseñando como capturar insectos, recolectar pequeños tesoros que encontremos en el camino e indicándonos los mejores sitios para pescar, además de proporcionarnos las herramientas para estas actividades.

Tras un breve y simple tutorial, el mundo es nuestro para explorar, pero nuestra familia pondrá un límite a nuestro ímpetu de aventura, ya que un niño de 5 años también necesita alimento y descanso. El ciclo día-noche también es muy importante, ya que según la hora del día nuestras conquistas (cazar insectos, pescar, recolectar y cultivar) serán diferentes.

Encontrándonos con cada uno de los habitantes de Nomagari avanzaremos la historia y podremos desbloquear diferentes rutas dentro del pueblo que nos ayudarán a ahorrar tiempo y hacer que el día sea más productivo. 

Shinnosuke en Carbónpolis

Con el tiempo apropiado para poder familiarizarnos con las mecánicas, el juego nos dará la opción de visitar Carbonpolis, una ciudad dedicada a la minería, que nos dará todo un nuevo repertorio de actividades, desde cocinar platos jamás imaginados hasta inventar tecnologías fuera de lo común, y a su vez esto nos abrirá grandes posibilidades de exploración. Cada uno de los puntos de interés que visitamos tiene algo que ofrecernos, nuevos objetos para recolectar, nuevos desafíos o diferentes encargos que la gente tenga para nosotros.

Kazuko, una de las chicas del pueblo, nos ayudará en nuestro avance en el juego, ya que ella registrará todo lo que obtengamos en el juego y mantendrá un registro detallado que podremos consultar en todo momento. Aunque el juego presiona sutilmente por nuestro avance en la historia, no es opresivo, y mantiene su atmósfera tranquila, casual y relajada.

Dentro de las actividades en Carbónpolis podremos visitar los baños públicos, lo cual nos dará acceso a los rumores y secretos de la gente de esta sección del juego, con lo cual podremos desbloquear aún más posibilidades en el juego. El que parece ser el objetivo central de nuestra aventura es la pista de carreras, donde usaremos las invenciones de nuestros amigos para competir.

Toda nuestra exploración está enmarcada con las voces originales del anime y la música ambiental de la serie, los sonidos también son fáciles de reconocer y crean la atmósfera necesaria para sentir que se está en un capítulo de la serie. Así mismo, las gráficas son muy atractivas, tanto por su belleza como por lo simple que son y lo relajado que hacen ver el mundo.

¿Vale la pena jugar Shin Chan: Nevado en Carbónpolis?

Este es un juego centrado únicamente en exploración y recolección, con objetivos sencillos y claros, retos moderados que más que ser urgentes son una progresión natural de la historia o misión secundaria, y no imponen restricciones en el jugador, permitiendo un avance controlado. 

Esta atmósfera de relajación que ofrece todo el juego está bien enfocada en el jugador, el juego es tan exigente como se quiera, las herramientas están allí, es nuestra decisión como hemos de vivir la experiencia, a toda velocidad o con la calma del mundo es nuestra alternativa. Por ello al juego realmente no se le puede poner un tiempo específico de finalización, este juego puede durar de 20 a 500 horas, todo depende del ritmo que le queramos imprimir.

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